Nickelback, Marie, Madrid y Mucho Más


Hace un año escribía esto de Nickelback mientras disfrutaba de su disco recién salido Feed the machine. Y 364 días después del lanzamiento de ese disco los Nickelback se hicieron carne mortal el pasado viernes en Madrid. Se acabaron 7 meses de espera desde que pillé las entradas, pero han sido 7 meses de muchas emociones nuevas y encontradas por ser de distinto signo, aunque más buenas que malas.

Eso, para espíritus como el mío, más de puertas para adentro que para fuera, ha significado mucho y, una vez más, escribir me ayuda a gestionar ese interior de cangrejo lunático y de fuerte escudo exterior. Todo fachada y tipo que mantener (la reputación ya ha pasado a otro plano, je, je...).

Quizás por eso mi relación con la música es tan profunda y variada, porque la música también es sentimiento y emoción que a veces suena (o necesitas que te suene) de forma suave y a veces contundente y llena de energía. Prueba de ello son los varios artículos dedicados aquí a canciones de mi vida, de un año, o a otros músicos y bandas como Van Halen, Spandau Ballet o Phil Collins. O sea, música tan heterogénea como la vida misma.


Lo del pasado viernes noche fue la culminación a una época no solo en particular con la banda sonora de Nickelback, a los que sigo desde casi cuando empezaron, sino a unos meses especialmente vividos con esas emociones contrapuestas. 

Una no publica una novela todos los días ni tampoco se lleva un susto vital de cierta consideración aunque no haya sido el primero. Pero esos avisos al César de «recuerda que eres mortal» toman también ya cierta perspectiva. Además, alrededor y, por uno u otro motivo que también lleva el sello más inesperado de la vida, suceden cosas que no esperabas, imaginabas o creías.

Nunca he sido de tener sueños o luchar por conseguirlos, sino de dejarme llevar, de ADN perezoso y vida, hasta ahora, muy fácil y afortunada. Tampoco he querido complicármela precisamente por esa tendencia al interior propio más que al egoísmo. Y así disfruto con cosas y aficiones sencillas: leer, escribir, la música. Simpleza en estado puro. También por eso necesito o me gusta la que me da energía o consigue, con ese sonido poderoso (que otros juzgan como ruido), sacarme la mía propia, más sentimental que física.

Nickelback y Marie

Los hermanos Chad y Mike Kroeger y sus amigos Ryan Peake y Daniel Adair me la llevan sacando desde hace 16 años, y se han convertido en mi banda y sonido preferidos de este nuevo milenio.

Esta música tan contundente, apoyada en esa magnífica y poderosa voz de Chad, se metió hace mucho en mi interior tocándome esa fibra especial que digo, la que más ayuda a canalizar emociones de rabia o pasión. Si además la acompañan unas buenas letras con mensajes desde de denuncia social, amor, amistad o pura diversión, pues mejor que mejor. Y a veces han sido simples frases (también usadas en mil canciones y con distintas variaciones), pero que escuchadas en esa voz y envueltas en una determinada melodía, te han hecho vibrar el alma.

Solo un estribillo, el de Savin' me, te inspira de tal forma y con tanto poder que te sale toda una novela donde incluso cambias de sexo, viajas al y en el pasado, y te hace enamorarte hasta el infinito en un desdoblamiento emocional que también nace de tu interior más profundo. 
Say it for me, say it to me

And I'll leave this life behind me

Say it if it's worth saving me
Y no solo te ayuda a conocerte a ti misma, sino también a empatizar con los demás, a aceptar ese desdoblamiento que todos podemos tener o sentir alguna vez. Y en estos tiempos tan oscuros de radicalismos, de feminismos y machismos tan exacerbados y equivocados me parece que necesitamos intentar meternos en la piel del otro, comprender cómo pueden pensar o sentir. En definitiva, a entendernos y querernos como podemos ser, independientemente del sexo con el que nacemos. (Y ojalá olvidemos un día esa idiotez de «género» para hablar de sexo).

Pues el resultado de ese experimento fue Marie. Y ella me ha dado unos ratos inolvidables y un orgullo inusitado, que no termino de hacer mío porque nunca me lo he reconocido entre mis trazos más marcados de inseguridad y pereza. Así que lo que les debo a Nickelback por ello ya está escrito en ella y es mi mayor agradecimiento. Escuchar su música en directo, a ese Chad en estado de gracia humana y divina, y pasar uno de los mejores ratos, de esos que van directamente a los mejores de una vida es para seguir agradeciendo una y mil veces más.

Si además tienes ahí un par de grandísimos amigos, de esos que siempre están y son o los que aunque pase el tiempo o no nos veamos también lo siguen siendo, ya se remata el día a la perfección. Se os quiere mucho mucho, Nuria y Andrés. Fuisteis la mejor compañía.

Son estos momentos...

los que merecen la pena, los que te hacen olvidar los sinsabores que fueron, los que te aliviarán los que vengan, los que desearás recordar y volver a vivir y los que se deben agradecer al Cielo o al Infierno por haber vivido. Y todo el mundo tendría que disfrutar un momento Nickelback, incluso aunque no te gusten, ¡ja, ja, ja! 

Deberían estar recomendados por prescripción facultativa: lo de ver un recinto a rebosar de gente (y sin ser particularmente bueno para bandas y sonidos como estos) saltar, gritar y cantar a la vez de diversión y puro subidón de adrenalina y endorfinas es más que beneficioso para la salud mental y física. Ojalá repitamos muchos.

ÁLBUM DE FOTOS DEL CONCIERTO

LISTA DE CANCIONES (videos oficiales)

VERSIONES EN MADRID - Lista de videos de personal que ha subido a YouTube. 

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