TUVE RAZÓN: QUÉ GRAN PELÍCULA LA PLAYA DE LOS AHOGADOS

El pasado junio posteaba desde Vigo las primeras imágenes de lo que iba a ser la película del director Gerardo Herrero basada en el novelón de Domingo Villar, La playa de los ahogados. Anteayer la estuve viendo por fin y mis expectativas e ilusión de que fuera una honrosa versión se cumplieron al máximo. Me encantó como espectadora y lectora, aunque he de reconocer que a mí me ponen cualquier imagen de la ría de Vigo o cualquier rincón desde Tuy hasta Cariño y me va a gustar porque ya comenté mi gran devoción pola terra galega.


Tráiler


Y un Cómo se hizo de 15 minutos que merece la pena ver.



   Vaya por delante que soy lo justo de cine español (qué le voy a hacer) y tiene que ser algo muy especial, como esta adaptación y de un género como el negro, que es mi preferido, o con actores que me gusten para que me lleven a la sala. Y aquí se cumplían las premisas: el guion también lo firmaba el escritor y se nota en la casi literalidad de algunos diálogos, y el reparto lo encabezan dos de mis actores españoles favoritos, en especial, el siempre magnífico Carmelo Gómez, que simplemente ES el inspector Leo Caldas.


  Gómez borda al callado, sencillo y tranquilo inspector vigués, expresando los silencios y pausas del personaje literario con la mirada única que tiene. Es una suerte que, en los libros, el escritor Domingo Villar no hace ninguna descripción física de Caldas, su edad o alguna otra característica. Por eso, cuando supe que iba a ser Carmelo Gómez quien lo interpretara, me cuadró al momento. Es lo que tienen los grandes: que pueden adaptarse o hacer suyo cualquier personaje. Así que le da a Caldas su aire de melancolía, su observación y perseverancia y a la vez su ritmo pausado en sus acciones, su gusto por la comida y el vino, su indulgencia o su paciencia; y también sus debilidades más físicas, como esa tendencia al mareo cinético que también es un punto de humor tanto en los libros como en la película. Eso sí, lástima que, por exigencias del lenguaje cinematográfico, tuvieran que prescindir de la razón que existe en el libro y que acentúa el retraimiento del carácter del inspector: una ruptura amorosa que acaba de sufrir. Tampoco aparece su colaboración en un programa de radio local donde participa escuchando quejas sobre seguridad que le hacen los ciudadanos. Pero se entiende: todo no cabe en menos de dos horas.

  Sin embargo, el reparto completo está en su papel, destacando sin duda Antonio Garrido como Rafa Estévez, el áspero, contundente y muy directo ayudante del inspector Caldas. Acerté del todo cuando imaginé que Garrido iba a dar el tipo y luego vi las primeras fotos. Sí hay descripción física de Estévez en los libros y Villar le pone más altura y complexión de armario ropero, con lo que, en un principio, igual Garrido no cuadraba. Pero, al contrario, su rotundo físico y lo expresivo también de su mirada le dan toda la fuerza que tiene el personaje literario. Y lo mejor es que le imprime a la perfección su carácter aprensivo, impulsivo y sin medias tintas que Villar creó tan bien como contrapunto al reservado inspector Caldas. Lo mejor: sus golpes de humor en también la justa pero muy efectiva dosis que tienen los libros, y que en el cine llenaron la sala de risas e hicieron más ligera la negra historia que se cuenta.  

  Así que pude identificar exactamente las escenas que comparten con las literarias y me gustaron mucho.



Esta en especial me encantó porque la franca conversación que mantienen es exacta a la del libro. Igual que la siguiente escena.



  Pero es que están todos bien y puedes ponerles sus caras a los personajes, o si no, reconocer su esencia en ellos. Aunque eso solo podemos hacerlo bien bien los lectores de las novelas. Yo pude ver perfectamente al padre del inspector en Celso Bugallo.


  O al médico y amigo de la familia Caldas, Manuel Trabazo, en la piel de Fernando Morán.



   Y aunque el personaje del marinero José Arias es alto y muy fuerte, la presencia física tan particular de Luis Zahera, un actor que también está fantástico en todo lo que hace, te quita de un plumazo esa imagen y no te importa.


Seguro que más de uno reconoce a Zahera por su inolvidable Releches, el yonqui de Celda 211, o el Pertur de Sin tetas no hay paraíso.


 

   Pero vaya, que están todos muy logrados.






  No obstante, como toda adaptación literaria a la gran pantalla, independientemente o no a que se haya leído la novela, sigo pensando que nunca se superará esa ficción escrita. Pero si se hace algo en condiciones como esta también se puede disfrutar más si ya se había leído. Evidentemente me sabía el final, pero seguí la investigación con interés, recreándome en los momentos que también sabía más intensos, y me gustó la estructura de partes que tiene la película. Como dije antes, me ha parecido una muy buena adaptación sobre la idea y las sensaciones que tuve al leerlas, más por cuanto conozco la zona: Vigo, esa playa de Panxón, Nigrán, Bayona... 

  Esa es también una razón poderosa, quizá la más poderosa. Fue leyendo las contraportadas de los libros y ver que se desarrollaban por allí para que me hiciera rápidamente con ellos y me quedara prendada de la prosa y las historias de Villar, no solo por lo policíaco, sino por el tono costumbrista que subyace en la narración. Es de la tierra y le gusta que también sea un personaje. Al fin y al cabo es esa tierra, su clima, su entorno los que rodean a los de carne y hueso inyectando como nada la mayor parte de la filosofía y la forma de ser de sus habitantes, tan de supersticiones, de secretos y leyendas ancestrales: la ría, el cielo, el mar que, con la misma arbitrariedad, da la vida de sus frutos y la quita de quienes se los cogen a su vez para vivir, las brumas que lo pueblan de fantasmas de barcos naufragados, el sol tan gallego que nunca sabes si se queda o se va, el paisaje siempre verde, frondoso y húmedo; y también la soledad o el silencio que se puede adivinar en una sociedad tan próxima por su gran densidad de población y al mismo tiempo tan celosa de sus secretos, miedos y su intimidad. La fotografía de la película muestra todo eso con los colores y tonos exactos de la realidad.

   Sin embargo, he de poner un par de peros: el primero, la repetición (o por lo menos, así me lo pareció a mí) varias veces de un plano de la costa, con las islas Cíes al fondo; y segundo, bastante chapucero ese efecto especial de película de los ochenta con los planos superpuestos en las conversaciones de Caldas y Estévez mientras van en el coche. O ruedas la secuencia con el coche parado y los actores dentro, en plan se han detenido y están analizando lo que van a hacer o cómo van a seguir la investigación, o no ruedas escenas de primeros planos de los actores dentro del coche y se ve tan descaradamente su imagen pegada sobre el fondo en movimiento. Pero salvo esa cuestión técnica, todo son elogios y la recomiendo sin duda.

   De modo que estoy muy contenta. He tenido lo que esperaba y ahora estoy deseando que salga POR FIN ese tercer libro, Cruces de piedra, que lleva muchísimo retraso y me ha quedado mono de Caldas, que de Galicia nunca me falta.


Mariola


Fotos: Google.

Comentarios

  1. Muy buena crónica, yo también disfruté mucho de la película, no me he leído los libros pero sabía que esto iba a estar bien. Los actores se salen y Carmelo, pues que voy a decir a estas alturas de la película....es mi debilidad. Gran tarde de cine, gran tarde de negra con la mejor compañía

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  2. Gracias... La verdad es que lo pasamos bien, que iba yo con mi cosilla de que si os gustaría o no y me alegro que lo hiciera. Pero claro, Carmelo no suele fallar.

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  3. Me ha gustado mucho tu crítica. Ya me han entrado muchas ganas de verla.

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