Phil Collins. Gracias por la banda sonora más emotiva de mi vida

Este artículo está dedicado a Marijose, apasionada tanto o más que yo de Collins, y a todas mis amistades y amores incluidos tanto musicales como reales de la adolescencia.

Hoy, 30 de enero, Phil Collins cumple 67 años y ya hablé de él en un artículo sobre Genesis, pero le debía uno dedicado especialmente a él. He tardado en inaugurar el año en este blog y nada mejor con este grande de grandes de la música contemporánea. 

Este músico inglés, batería prodigioso, pianista, cantante y compositor, lleva formando parte de la banda sonora de mi vida desde hace más de 30 años, que se dice pronto. Y posiblemente sea la parte que más ha podido conmoverme y llegarme a lo más profundo. También me ha sacado diversión y buen rollo, pero sobre todo emoción. Sin ir más lejos, esta mañana, rebuscando más videos y versiones de sus temas, no he reprimido alguna lágrima al ir escuchando ráfagas de sus clásicos. 

También he rebuscado primeros recuerdos en mi memoria musical de la que me precio tener muy extensa y variada. En ella conviven monstruos eternos y ya clásicos como él o Eric Clapton, Def Leppard, Van Halen o The Police con sonidos de ahora como los de Nickelback o Poets of the fall. La de Collins se me va a 1985, y quizás antes, siendo más niña cuando seguramente aunque sin consciencia pude escuchar cosas como In the air tonight o This must be love de su primer álbum Face Value (1981). 

En el 85, y yo que he sido siempre poco chovinista, ya iba definiendo gustos que tiraban sobre todo a la música en inglés. Y este músico pequeñete, poca cosa y de voz tan particular se coló sin vergüenza entre los grandísimos delirios adolescentes que eran Spandau Ballet o Duran Duran, por citar a los más de entonces. Así, mirando de tú a tú y con dos baquetas en las manos, a dioses compatriotas como Tony Hadley o Simon Le Bon, a los que adorábamos. Ni siquiera le hizo sombra el amor adolescente de verdad.

Y lo mismo se me disparaba el corazón escuchando Only when you live o Wild boys que entonaba, subiendo del insti y a dos voces con mi amiga Lourdes, esa maravillosa One more night, que, como digo, esta misma mañana me ha vuelto a poner el moco en fila. Igual es que tengo también el día más tonto y el año ha empezado con ciertas incertidumbres. Pero no, seguramente ha sido más la nostalgia, de la que como buen cangrejillo lunático de julio que soy, adolezco bastante. O no, coño, que esto es un pedazo de canción, un clásico de clásicos ya, y se acabó.


Mi mayor ilusión habrá sido ya haber podido ver a Phil Collins en directo. Fue en Madrid, en Las Ventas, el 5 mayo de 1994 (fecha con más de un significado especial para mí), en su gira Both sides. Y su batería, su voz y esas canciones que tanto me han marcado sonaron como si no fueran reales de tanto sentirlas tan dentro. Pero sí, lo fueron. La sublimación de todo lo mejor que me llega y a la que tiendo tanto. Pero eso es lo que suele hacer que esta vida merezca la pena: una buena canción, una charla con los amigos, un cafelito a tiempo, un buen libro, una buena peli o un concierto de los músicos que te apasionan.

Solo puedo añadir que soy afortunada, por muchas cosas, y que me guste Collins es una de las que más agradezco y disfruto. Así que lo mejor para celebrar su cumpleaños, su vida y su música es escucharlo. Si hay algún habitante de este planeta que aún no lo haya hecho lleva perdido mucho tiempo. Pero nunca es tarde para descubrir a los GRANDES. Ya no canta como lo hacía ni puede tocar, pero sus álbumes siempre estarán ahí.

Imposible poner tantas buenas canciones como tiene Collins (suyas, bandas sonoras, colaboraciones con otros colegas...), pero trataré de hacer una selección decente. Sus discos se pueden ver aquí. Y ahora a disfrutar y dejarse llevar. Qué maravilloso poder por fin hartarse de ver videos que entonces no había manera de pillar para grabarlos.





































Y seguiría hasta el infinito y más allá, así que acabo con un concierto entero.


Que sean muchos años más, Phil.



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