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'El muñeco de nieve', de Tomas Alfredson. Un frío despropósito deslavazado y aburrido


Para esta reseña tenía varios títulos con distintos tipos de gradación, pero este me ha parecido el más políticamente correcto y contenido. No obstante, la última frase cuando empezaron a salir los créditos fue la más clarificadora y manchega: «¡Amos, no me jodas... ¿Y el cameo de Nesbø?!». Porque había albergado la mínima esperanza de sonreír una milésima si lograba distinguir la figura birriosilla pero tan adorada del padre de la CRIATURA tan idolatrada y querida que es su comisario Harry Hole. Pues ni eso. Igual se han cargado el plano como también han hecho con varios más de los engañosos tráilers que han sacado estos meses.

Había que ver esta película, sobre todo y especialmente si se es lector incondicional de Jo Nesbø y consideras que Harry Hole es uno de los personajes literarios más poderosos, carismáticos y mejor creados de la novela negra contemporánea. Es más, hay que verla para tener la opinión y sensación reales y completas de que efectivamente puedes seguir idolatrándolos sin ningún tipo de problemas. Y que así seguirá siendo, porque esta innecesaria versión cinematográfica de El muñeco de nieve (de sus mejores títulos) no cambia absolutamente nada del placer que hemos obtenido los lectores de Nesbø con sus novelas.

Pero la decepción no es porque esta película fuera innecesaria y ha salido fallida, sino por la profunda desidia empleada en hacerla. Quizás al principio una mente iluminada decidió que podía ser buena idea. Un escritor nórdico de los mejores y mayores superventas, ese cine del frío tan de moda y que suele dar juego internacional, que suene Martin Scorsese como director, nombres de relumbrón para un reparto internacional, la bellísima Noruega de blanquísimo plató... Quizás. 

Luego Scorsese se queda solamente como productor, los yankis ponen el dinero y fichan a un director sueco de supuesto prestigio (que medio conozca el terruño por lo menos) y a un reparto con demasiadas nacionalidades y que, en general, no cuadra nada con las descripciones físicas de los personajes literarios. Y pasa lo que pasa. Esto.

Ese Tomas Alfredson se sentó un día en la butaca de director y entre secuencia y secuencia o se echaba un pitillo o una cabezadita. Porque si de verdad hubiera estado a lo que estaba, no podía haberle salido esta película tan desvaída, deslavazada, insulsa y aburrida. Todo lo contrario a lo que son las novelas de Nesbø y desde luego a quiénes y cómo son sus personajes.

Estoy segura de que solo con que este proyecto lo hubieran hecho los noruegos, no hubiera salido tan mal. Bien sabe Odín lo que eché de menos a mi hermosísimo, rubísimo, altísimo y de ojos azulísimos TES. Y solo hay que ver lo bastante mejor adaptada y conseguida saga danesa del Departamento Q. Pero es inútil lamentarse por un imposible.

Lo que hay es lo que hay: nada, un despropósito de principio a fin. Solo se salvan esas preciosas montañas noruegas, el hielo, la nieve y ese frío tan glorioso para los que lo amamos. Lo demás es una sucesión de escenas lentas, oscuras y depresivas en un montaje confuso, sobre todo en los saltos temporales. No hay alma, no hay vida ni emociones. Y nadie parece saber dónde está ni mucho menos a quién interpreta. Y si lo saben, parecen estar preguntándose qué están haciendo ahí. 

El primero, mi admirado Michael Fassbender, que como inteligente debe de ser un rato pero ya no podría echarse para atrás, pareció haber aceptado que ya que ni de casualidad daba el pego físico como Harry Hole, pues se limitó a poner la cara (seguramente real) de estar pasando un frío del copón y mover lo mínimo las pestañas. Y Harry Hole no es ni contenido, ni frío, ni triste ni por supuesto depresivo, sino apasionado, imprevisible, salvaje y romántico. Y alcohólico, pero no un borracho arrastrado del que con tres veces que lo sacan tirado en el suelo, ya quieren que te creas que lo es.

Y la segunda, esa actriz de culto (de los de películas de autor, claro) que es Charlotte Gainsbourg, que la pobrecita anda más perdida que nadie dentro de un papel que le viene muuuuy grande.

Así no puede haber química ni nada creíble entre dos personajes literarios que si por algo destacan es por la química, la pasión y el amor que se tienen. Terrible esa escena supuestamente de dejarse llevar que ambos actores comparten en el supuesto momento más romántico. 

Pero es que no acierta ninguno y el colmo es ver a esa momia recauchutada en la que se ha convertido Val Kilmer. O lo desaprovechados que están buenos actores como el inglés James D'Arcy o el noruego Jakob Oftebro. Los únicos que medio parece que quieren hacer algo son los suecos Rebecca Ferguson como Katrine Bratt y Jonas Karlsson como Mathias Lund. Pero ya y por salvar a alguno.

Lo peor es que si a los lectores de Nesbø nos puede resultar sin esencia ninguna, los espectadores que no tienen ni idea del universo Hole se pueden perder sin remedio en esa narración deslavazada. Ni entenderán esos retratos tan poco desarrollados de los personajes, sobre todo del principal. ¿Los puntos gore? Se diluyen en la apatía por lo que ves.

En fin, no quiero seguir. Sería ir buscando más y más detalles, como ese descafeinado final que entiendo que es el más factible (y verosímil) de adaptar. Pero ya hubiera sido el colmo del desastre si se hubieran atrevido a rodar la rayadura total del final literario.

Bueno, pues lo dicho. Que Harry Hole sigue impoluto, impecable y perfectamente imperfecto en su pedestal y que será mejor que no lo vuelvan a tocar jamás de los jamases. Jo, coño, que eres muy grande, tirillas de mi corazón... Haz el favor y que no te la cuelen más.

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