ESTOS NÓRDICOS...

Para leer este artículo se recomienda como música de fondo a los fineses Poets of the fall, en especial sus baladas. La voz de Marko Saaresto es capaz de derretir el Ártico.
    
Le preguntaban a Jo Nesbø en San Jordi si había visto y qué le parecía el numerito montado por su colega el Perro Rabioso James Ellroy en el puesto donde, a voz en grito y a su más puro e histriónico estilo, llamaba al personal para vender su último libro. Nesbø, poquita cosa él, respondía que cada cual es cada cual, pero claro «es que yo soy más frío, soy nórdico». Ese mismo día, en otra entrevista, decía también que nunca había estado en San Jordi y que le había encantado, que le gustaba la tradición de regalar un libro y una rosa, que qué podía haber mejor que eso. Es decir, que será frío pero tiene su corazoncito caliente, como seguramente comparten sus compatriotas y vecinos, todos hijos del hielo y las auroras boreales del norte más norte de Europa.
De izquierda a derecha y de arriba abajo:
  • Marko Saaresto (Finlandia); Samuel Bjørn (Noruega); Arnaldur Indridason (Islandia); Tryne Dyrholm (Dinamarca); Jussi Adler-Olsen (Dinamarca); Stieg Larsson (Suecia); Kristofer Hivju (Noruega); Jonas Jonasson (Suecia); Sofia Helin (Suecia); Mads Mikkelsen (Dinamarca); Kim Bodnia (Dinamarca); Nikolaj Coster-Waldau (Dinamarca); Mari Jungstedt (Suecia); Camilla Läckberg (Suecia); Jørgen Langhelle (Noruega); Stellan Skarsgård (Suecia); Henning Mankell (Suecia); Åsa Larsson (Suecia); Carsten Børjnlund (Dinamarca); Nikolaj Lie Kass (Dinamarca); Noomi Rapace (Suecia); Mikael Niqvist (Suecia); Jo Nesbø (Noruega); Trond Espen Seim (Noruega)
   Mis primeros conocimientos de esos terrenos y cultura, aparte los cuentos de Hans Christian Andersen, fueron los de todos los niños que crecimos en los 70: Pipi Calzaslargas y mi preferida, Vicky el vikingo, (ambas basadas en obras de escritores suecos). De fondo Abba ponía la banda sonora tras ganar Eurovisión en el 74.
  


De Vicky el vikingo a El puente ha llovido bastante, pero de la extravagante Pipi a la policía de Malmö Saga Norén, con una especie de síndrome de Asperger, no hay tanta diferencia. Y Eurovisión la siguen ganando los suecos año sí y año también.

  A la vez, los que fuimos cinéfilos precoces un día en algún Sábado Cine o similar descubrimos a dos actrices maravillosas
y nos embobamos con Los vikingos (Richard Fleischer, 1958). De acuerdo en que esta es la versión tópica, típica y más romántica de Hollywood, que no tiene nada ver con la ahora mucho más realista serie Vikingos. Pero los que ya tenemos una edad es oír la palabra y ver no al Ragnar Lodbrok (el guapísimo australiano Travis Fimmel), sino a ese Einar tuerto espada en mano para luchar contra su hermano Eric. Nunca un vikingo tuvo el halo tan legendario e inolvidable que le dieron Kirk Douglas o el inmenso Ernest Borgnine. Ni lo tendrá. Ni siquiera los de verdad. Y el Fimmel empalidece al lado de un Tony Curtis sin parangón.


  Un poquito más tarde nos enteramos de que algo olía a podrido en Dinamarca por un centinela de Hamlet, el más famoso príncipe danés que han conocido los siglos gracias al más famoso bardo inglés que lo hizo inmortal como él. Y todo hijo medio leído de vecino ha oído hablar de Ibsen o Knut Hamsun (Pan lleva en mi casa desde que tengo uso de razón), se ha estremecido mirando El grito de Edvard Munch o ha escuchado esto. 

  Luego, con los años, yo llevo ya casi veinte veraneando en Jakobsland, y doy fe por ciertos especímenes vistos que algún tatarabuelo suyo saqueó más mociñas que tesoros y terminó pasando del salmón y el alce al churrasco y al pulpo a feira, que dónde va a parar.

   Ahora las invasiones de los hijos de Odín siguen siendo entretenidas. El imperio de IKEA ha conquistado media Europa y la ha llenado de muebles con nombres imposibles para manitas vocacionales. Escriben excelentes novelas negras y hacen series y películas de factura impecable. Todo con un diseño aséptico, preciso, y sin prescindir de la oscuridad ni la frialdad de su alrededor. 

  Ese clima digamos que de fresquito para arriba y poca luz les dibuja también sus líneas físicas, tan resistentes como pálidas, y les hace inexpugnables esos idiomas que hablan y les suenan hacia dentro. También seguro que les diseña las mentales, y así se los considera una sociedad ordenada e impoluta, con la suerte de tener recursos naturales para combatir al enemigo y adaptarse a su inclemencia. Pero también tienen fama de depresivos, bebedores y con tendencias suicidas. Son ellos mismos los que se encargan de recrear esa fama hasta límites insospechados en esos libros y películas. O sea, que siguen derramando mucha sangre y destilando un punto de trastorno mental, si no locura, muy particular, aunque sea en la ficción más negra e intrigante. La sangre y locura reales son propias del ser humano en todo el mundo mundial y ya se sabe que la realidad supera con creces la ficción.

   Pero hay que ser justos: también se ríen de ellos mismos y pueden ser maestros de lo absurdo. Solamente hay que leer al sueco Jonas Jonasson o, en el cine, asombrarse de ver al danés Nikolaj Lie Kass pasar de risueño comediante televisivo a convertirse en el sombrío policía Carl Mørck, personaje protagonista creado por su compatriota Jussi Adler-Olsen en la exitosa serie literaria del Departamento Q. O a Trond Espen Seim, actorazo noruego, rubísimo y hermosísimo lo mires por donde lo mires -protagonista de la magnífica y muy negra Varg Veum, detective también literario de Gunnar Staalesen- haciendo una divertida parodia del género que borda interpretando. Aunque luego no sabes si dan más miedo produciendo risas que escalofríos, o ambas cosas a la vez.



  O rizan el rizo en pequeñas joyas como Uno tras otro, donde mezclan lo más crudo del thriller con un toque de humor negro tan sutil como efectivo. Y además, con lo más granado del personal actoral de la zona, donde, como es habitual, brilla el más reconocido internacionalmente (con permiso del ya legendario Max Von Sydow, que por ahí sigue con la Fuerza): el señor Stellan Skarsgård, que lo mismo te hace Dogma o canta en Mamma mia, y que ha echado al mundo hijos con trazas parecidas.


Alexander y Gustaf Skarsgård (Floki, de Vikingos)
  
   Volviendo a la literatura el que prendió la mecha del petardazo nórdico fue Stieg Larsson. Estaban ya por ahí los lectores de Mankell y su inspector Kurt Wallander, pero el que marcó un antes y un después fue Larsson. Lo hizo a lo grande escribiendo la trilogía de Millenium, con sus originales títulos y sobre todo con dos de los personajes más carismáticos que se han creado recientemente. El enganche a la adictiva trama, pero en especial al periodista Mikael Blomkvist y la maravillosa hacker Lisbeth Salander fue mundial y Larsson, ya desde el Valhalla, arrasó. Se descubrió el filón y de pronto, como setas, aparecieron libros de escritores con nombres de letras con circulitos encima y palitos por medio.

  Yo fui una más de quienes devoraron Millenium con devoción. Las películas estuvieron muy logradas, en especial la primera, que las siguientes flojearon, pero también tuvieron buenas caras para unos personajes con tanta fuerza. Incluso a los yankis, especialistas en la copia de todo lo que funciona, les salió un corta y pega muy aparente con caras conocidas (que ya no sorprenden ni puedes asociar a los personajes) y un guiño a la tierra poniendo al señor Skarsgård de malo.


  A continuación, he seguido picoteando por mi mucha afición al género, y entre Kurt Wallander y algo de la serie de Fjällbacka (Camilla Läckberg), también se han cruzado los inspectores Martin Beck (de los precursores suecos del género, Maj Sjöwall y Per Wahlöö, más flojo, quizás por remontarse a los años 70 y a otra manera de escribir, o de hacerlo al alimón, algo que nunca me ha convencido), Anders Knutas (Mari Jungstedt), los misterios en los pueblecitos perdidos de los que escribe Åssa Larsson y la frialdad más lejana y descarnada que rodea al gris comisario Erlendur Sveinsson (del islandés Arnaldur Indridason). 

  Pero quienes me han dejado el corazón más congelado y palpitante antes de robármelo ya para siempre han sido los, para mi gusto, más redondos creados: el inspector finés Kari Vaara, del tristemente también desaparecido James Thompson, norteamericano afincado en Finlandia, que ya se había hecho maestro del género con esta serie interrumpida (en español solo hay dos de los cuatro que son). Recomendable al 100 %.

  
  Y, en fin, el gran Harry Hole de Jo Nesbø, aunque de este mi salmoncillo más admirado ha caído todo lo que ha salido de su cabeza. También han hecho películas de sus libros con actores de SU tierra (que Odín nos pille confesados con lo que les salga sobre HH, que qué necesidad...), y produce series de televisión como Occupied, una distopía, tan de moda ahora.



  Si nos metemos en series, lo que llevo hasta ahora es de lo MEJOR que he visto en mucho tiempo. Y teniendo en cuenta que vivimos en el MEJOR momento de series de televisión (con tantas y de todos los géneros), ya tiene su mérito. Aquí las vemos contadas y en canales de pago o que no ve todo el mundo. Eso sí, están en la red.

  La citada Varg Veum (las primeras seis películas) se vio en la 2 de TVE hace un tiempo. Pero se dejaron las seis siguientes que completan la serie.
  

  Apartando un poco lo negro (o igual no) también ha llegado este Falcon Crest a lo danés, La herencia. Por Dios, que no os dejen un casoplón si sois hijos naturales y tenéis también tres hermanos a cada cual más intrigante, desequilibrado y vividor.

  
No me dejo tampoco una de las más prestigiosas, la también mencionada El puente. Solo por la cuidadísima producción y el impresionante puente de Øresund ya merece la pena. Si te ponen en medio de él, justo entre las dos fronteras, un cadaver partido por la mitad, como que te pica la curiosidad. Pero si ya lo redondeas con otra de esas carismáticas parejas de policías que, además, tienen química entre ellos, pues te sale una serie absolutamente recomendable.

  
Y por supuesto, en un exitazo planetario que empezaba con ese Se acerca el invierno no podían faltar un par de hijos del INVIERNO de verdad. Y en dos papelones.


  Hasta a nosotros nos entra la tontería del cine con tintes surrealistas copiados del terruño aquel y nos vamos de coproducción a los fiordos noruegos, metemos a nuestros patrios Aitana Sánchez-Gijón y Tristán Ulloa y firmamos en catalán, que, ya se sabe, suelen querer ir a su bola. No nos libramos del existencialismo y los planos oníricos, y tampoco del aburrimiento, pero, ea, no vamos a ser menos y quedarnos sin poner esa gota en el mar de la intelectualidad cinematográfica europea. Yo ya me quería tirar por la ventana, pero hay un botoncito maravilloso en el mando de la tele que es el de dale palante y así pude ir al GRANO del asunto: los planos y escenas de ese salmonazo rubísimo y hermosísimo, que seguro que la Sánchez-Gijón todavía no se puede creer que le arrimara material y es lo único salvable del despropósito. No podía ser todo bueno.



  Pero en fin, que es un suma y sigue importante y aún me queda mucho por leer y ver. Así que sigo en la brecha e invocando al frío. Para descubrir mucho más. Dejo un último par de buenas muestras.

  
 Y me despido como comencé: con la extraordinaria voz de Marko Saaresto y sus amigos poetas en dos de sus canciones más fabulosas.


Comentarios

  1. Me ha encantado, tu bien sabes que yo también caí hace mucho en la negra nórdica y por mucho que digan que ahora el noir francés le está quitando el reinado, siempre seré fiel a ella porque estos autores se han metido en mi universo y ahí se quedan ;)
    Vaya repaso alucinante por todos los palos, has hecho que sea un adicta a Verg Vaum, que tenga pendiente el Puente y que cada vez que pones un video musical de los chiquillos del Norte tenga la curiosidad de escucharlos. Gracias amiga por compartir tanto y de forma tan magistral . GRACIAS

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  2. Que bien me lo he pasado leyendo tu entrada !!!! Llegué a la negra nórdica cuando ni se llamaba así de la mano de la pareja Sjowäll-Wahloo y descubrí que podian hacerlo mucho mejor que los americanos (tan en boga por aquellos años). Y así hasta ahora. Gracias por tus articulos. Y el dia que vengas por Barcelona, hemos de conocernos. Un abrazo

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  3. Gracias. Me alegro de que os haya gustado y entretenido, que es lo importante. Un placer repasar estas pequeñas pasiones. Lo mejor es disfrutar con las cosillas que gustan.
    Y lo mismo digo, Araceli. Si te pasas un día por Madrid, pues aquí estaremos.

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