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"TODO ES REAL". STAR WARS, el despertar de la Fuerza.

Esa es la frase que dice mi para siempre amado Han Solo aquí, 

en uno de los primeros momentos de emoción y nostalgia de esta nueva película de La guerra de las galaxias - El despertar de la Fuerza.

  Es su respuesta a la pregunta que le hacen sobre haber oído que la existencia de los caballeros jedis, de la Fuerza, era solo una leyenda. También está contestando a todos, a los fans y no fans, de antes, de ahora y de generaciones venideras; a críticos cinematográficos (engolados, intelectualoides o de entendimiento lógico y normal), a ignorantes o profanos, a criaturitas que lo ven por primera vez a él -un viejo y gastado contrabandista fanfarrón que, sin embargo, es un héroe eterno- y a ese gigante peludo y adorable de Chewbacca, el wookie más querido de todas las galaxias, que los ha embobado con su lengua de rugidos y su ballesta de disparos láser.


   Han mira y responde a los jóvenes (y excelentes) protagonistas de una nueva generación que preguntan con curiosidad y cierto escepticismo sobre mitos y glorias pasadas, pero también nos mira y responde a nosotros, que un día de hace treinta y ocho años también fuimos criaturas que los vimos por primera vez y nos quedamos con la boca abierta, exactamente igual que ahora. 


Mi más preciada joya:
PÓSTER ORIGINAL DE 1977. Del merchandising que sacó Pepsi.

   Han Solo nos asegura a TODOS que TODO LO QUE VEMOS Y SENTIMOS ES REAL. Antes y ahora. O sea, que no hay tiempo, que los mitos existen porque no son mitos, la Fuerza, la Magia, el Bien y el Mal de los que estamos hechos, las galaxias lejanas a un paso de nuestra imaginación, que las creó para soñar, pero sobre todo para entretenernos y disfrutar, para olvidar nuestro Lado Oscuro o tratar de vencerlo siempre. Por eso la humanidad entera se puso de acuerdo entonces y vuelve a hacerlo ahora. ESTO, La guerra de las galaxias, solamente una saga de películas, ES ENTRETENIMIENTO PURO, lleno de diversión, emoción y energía. Es decir, la ESENCIA DEL CINE, sin más.

  Y a eso se reduce este séptimo episodio, primero de la nueva tercera trilogía proyectada, dirigido por J.J. Abrams, un más que digno relevo en la remodelación de la genialidad cinematográfica que creó en su día George Lucas. A rescatar esa esencia y a homenajear y reactivar la chispa divina de Lucas que implantó en la primera y más admirada trilogía de la serie, pero que no funcionó en la segunda.

 Para colmo, las gracias al creador van exactamente repartidas con la transición hacia las nuevas aventuras y personajes en un engranaje perfecto. 

  Acción, transición, guiños, humor, mismos pasos, nuevas y viejas incertidumbres a la vez, más reflejos, más homenajes a los géneros desde el western a las leyendas artúricas. El mismo cuento, el cuento eterno con princesas, caballeros, jóvenes aprendices, maestros sabios, amigos leales y valientes de todas las formas, razas y con corazones de metal, supuestos villanos que se arrepienten, malvados atormentados que quisieran ver la luz, una nueva y enorme personificación del Mal.





  Y nuevos cruceros imperiales navegando entre estrellas mientras otros han quedado varados en el desierto. Lo nuevo y lo viejo otra vez, pero LO MISMO una vez más. Veloces X-wings con intrépidos pilotos a sus mandos (estupendo Oscar Isaac como Poe Dameron) surcando aguas y cielos abatiendo Tie wings o atacando terroríficas Estrellas de la Muerte, esta vez de colosales proporciones y destrucción masiva. Y EL HALCÓN MILENARIO. ¿Hay alguna nave en algún universo más maravillosa que el Halcón?


  ¿Para qué más? Es simplemente lo que queremos ver. Es lo que YO quería ver. Y duelos de espadas láser, y a las tropas imperiales, y a la peculiar parroquia de esa peculiar cantina.


  Y Han y Chewie en peligro,

y a Han y a Leia...

  Sí, solamente eso. Que la vida de ficción y realidad nos haya pasado, pero sigamos aquí. Y lo que es mejor: que podamos seguir volviendo allí, porque allí siempre se puede.

  Fui a verla con un buen amigo (gracias, Trujy) que comparte la fascinación y es lo que conseguimos. Volver, volver donde a todos nos gustaría habernos quedado, donde queremos quedarnos cada vez que encontramos de nuevo las emociones y fascinación de una manera tan pura y única. Y quizá tuvimos que aguantar el tipo, porque es lo que hay que hacer cuando uno parece que se ha hecho mayor y hay mucha gente alrededor, pero seguro que más de uno, dos y mil -y en cualquier parte del mundo- hemos dejado escapar unas lágrimas cuando no nos ha visto nadie, como yo ahora. Y para colmo además también sabemos ya dónde estaba Luke.

  Jugada redonda. Sí, con trampas y trampantojos, con manipulación, con la nostalgia retorciéndonos las tripas por ese viaje en el tiempo, por saberlo, por dejarnos llevar, pero jugada redonda, señor Abrams. Redonda y PERFECTA. Somos así de simples.


Así que NO OS LA PERDÁIS. HACÉOS ESE FAVOR DE FELICIDAD, ENTRETENIMIENTO Y DIVERSIÓN.




Comentarios

  1. Guauuuu!!! Vaya crónica tan épica, sentimental y nostálgica. Yo también quiero volver a entrar en el Halcón Milenario....QUÉ GANAS DE VERLA, MARIOLA!!! Una vez más...gracias por compartir tanto!!!

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  2. A ti. No podía dejarme dentro tanta emoción. Y la vemos cuando sea.

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