Los que fuimos (y somos) vecinos del Cristo del Amor tenemos el Jardinillo como punto de referencia vital. Un lugar conocido por todos los solaneros que, con el tiempo y como el pueblo, ha ido evolucionando y cambiando sus alrededores y paisanaje. Mi infancia a partir de los siete años transcurrió ahí, pero siempre hemos vivido a unos metros. Ahora, en el Jardinillo, solo queda uno de los tres pinos que creo recordar que había , el más majestuoso y alto, aunque ya acusa también los estragos de las décadas. Sus compañeros fueron cayendo en acto de servicio, acogiendo los juegos y reuniones de los niños del vecindario y calles aledañas, en especial, los míos con las amigas del colegio San Luis Gonzaga y vecinas. Fueron muchas tardes, sobre todo de primavera cuando ya se alargaban los días, las que nos juntábamos allí después de subir del colegio. Y digo amigas porque el San Luis Gonzaga aún era solo de niñas. Alguna vez sí aparecían niños de las cercanas escuelas de la Concepción o quiz...
Artículos sobre actualidad, literatura, cine y música.