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Mostrando las entradas etiquetadas como recuerdo

1987. La banda sonora de un año muy especial.

He empezado el mes de mayo algo nostálgica.  De vez en cuando se echa la vista atrás y pasan tres cosas: una, que suspiras porque puedes hacerlo; dos, que das gracias porque puedes recordar. Y tres, que ojalá puedas seguir haciéndolo en otros 30 años, tanto suspirar como recordar. En mayo de 1987 me quedaban dos meses para los 17 años. O sea, plena adolescencia, donde hay y te pasan demasiadas cosas, quizás porque estás empezando a descubrirlas. Unos lo hacen antes y otros después. Y hay quien nunca lo hace. A mí me tocó entonces. No fui ni una pavisosa, ni tuve mucho pavo (o el justo), pero sí empecé a pelar la pava. Y, claro, pelando la pava una se enamora por primera vez. Y ya se sabe que como la primera vez no hay ninguna.  Pero esa es otra historia demasiado larga -y ya escrita en su momento-, que se queda para mis herederos. O que novelaré algún día. Hoy solo me iré a la banda sonora que envolvió esa adolescencia. Hubo para todos los gustos, y ahora, cua...

LA CASA DE MIS ABUELOS

La casa de mis abuelos tenía los techos muy altos, o así me lo parecía, pero desde mi perspectiva infantil todos los techos llegaban al cielo. Además, la bola dorada que coronaba el comienzo de la balaustrada en la escalera refulgía en miles de destellos, sobre todo cuando le daba la luz desde el patio y le pegabas los ojos estrábicos para verlos mejor. Ahora lo he hecho alguna vez, pero no es lo mismo ni está aquella luz más que en el recuerdo. Tampoco la barandilla es de piedra ni la adornan rebusca das filigranas en círculos y ochos, ni los peldaños son grises ni llevan a las cámaras ni al baúl lleno de sal. Cuando miras las imágenes reales congeladas en fotos y diapositivas se pierde la magia del enfoque nebuloso que impregna las de tu memoria, como si se superpusieran y las de tu cabeza superaran con creces las de los ojos. En los recuerdos ni a las caras ni a las cosas les afecta el tiempo porque no lo hay, solo fallan en esa percepción que difumina contornos y desvirt...

AUNQUE TE VUELVAS A IR

   Removió el café distraídamente.   ¿Se irá?   Le llegó el tráfico del gris amanecer. Es raro ver niebla tan espesa en la ciudad, ver los dos puntos de luz de coches invisibles. Es inhumano estar en la calle a esta hora, es trágico vivir en ella y de ella.   No te he recogido por compasión, ya hacía tiempo que te miraba de lejos y de cerca, al pasar o al detenerme, al fingir un olvido para desandar el camino y volver a cruzar. No te he recogido para divertirme ni para que me cuentes miserias o veas las mías. Tampoco por querer ser amigos ni para negociar un precio que yo también tengo. No lo he hecho por haber perdido la cabeza o hacerte perderla a ti. Creí que estábamos solos, sólo eso.   Se levantó.   Se irá. Aunque midamos igual las distancias y el tiempo.  No se le ocurrió nada sobre la angustia por el espacio, sobre compartirlo. El espacio físico sí. Ese es fácil de administrar y expandir. Es tan fácil que debería estar prohi...

CON EL SEÑOR RICK ASTLEY TOGETHER FOREVER - 17 septiembre de 2015

"Together forever and never to part, together forever we two..." Ay, ¡centrémonos!, que todavía me dura el subidón.  En fin, que remato la temporada estival como la empecé: con concierto revival ochentero total.     Inauguraba el verano en junio de la manera más GOLD con los gloriosos Spandau Ballet , y, casi tres meses exactos después, con Rick Astley, que, con solo veintiún añitos entonces, nos hizo bailar a tope en el 87 con su cara de niño bueno, su tupé pelirrojo y su espectacular voz. Ahora ya es un señor de cuarenta y nueve febreros, pero con la misma carita y esa voz de barítono, ideal para el soul y el funk , todavía más extraordinaria por el paso del tiempo. Fotos de Nuria Álvarez Dos momentos escogidos en este vídeo mío. Disculpad la pobre calidad de sonido e imagen, pero es un recuerdillo más de dos pedazos de canciones.   Pues eso, nada mejor que buena compañía (gracias, Nuria y Mari Cruz) y música pop única de esa adol...

AL COLE

En estos días salen los niños en la tele con sonrisas luminosas y dicen entusiasmados que están encantados de volver, que echaban de menos a sus amigos, que las vacaciones han sido muy largas. Alguno que otro comenta (pensándolo más despacio) que igual estaba mejor bañándose en la piscina o en la playa, pero las cámaras y los reporteros con alcachofa imponen bastante y el crío añade que, bueno, que sí, que está contento, que se lo va a pasar muy bien en el cole.      Si a esa edad se me hubieran acercado a mí los de la alcachofa en ese  primer día, habrían obtenido la respuesta más real: no, no quiero volver, no me he acordado ni un minuto de mis amigos y estaba muy bien de vacaciones. Y en mi más profundo interior, o no tan profundo, porque tengo la lengua muy sucia desde que me acuerdo, hubiese rematado con un "joder…". Hoy sería un contundente "no me toques los cojones que te tragas el micrófono, gilipollas".      En fin, es posib...