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Mostrando las entradas etiquetadas como verano

Mis tres series del verano. Polis macarras, depredadores televisivos y mucho olfato del este

A este verano aciago y perfectamente olvidable le quedan dos siestas. Y si tengo que salvar algo será un mínimo entretenimiento televisivo . Lo justo para eso mismo, evadirse y pasar el rato. Aunque miento, también para hacer oído y practicar lenguas , que lo de la parla sajona bueno va, controlarla la controlo, pero la teutona y la rusa ya son harina de otro costal. Así que me anotaré algún punto más por la curiosidad y el esfuerzo, que el germano es imposible y lo del ruski es de matrícula de honor . Eso sí, me emociono cada vez que pillo un priviet , un dasvidanya , un  dobroye utro o un spasiba. ( De algo me sirvió la documentación para Los lobos y la estrella ). Han sido tres series , con diferencias de calidad, pero eficientes en su género. Y es que no soy ni de los Falcon Crest de dragones ni de series enrevesadas (las de para listos, como dice mi cuñada, a la que le mando un beso).  La que subo al pedestal... ¿alguien lo duda si está por ahí el dios todopoderos...

Aquellas noches de verano al fresco

Anochecer. 18 de agosto de 2017. La Solana (Ciudad Real) Fotografía de ©Mariola Díaz-Cano Arévalo Este artículo está dedicado a mi familia y a mis compas y amigas del colegio , que siempre me piden que escriba sobre «cosas de antes» (hay que ver... que somos todavía unas chiquillas). Quizás compartimos los mismos recuerdos solo que con distintas formas, lugares y personajes. Pero seguro que se parecen. Pues que cada cual eche un ratito rememorando los suyos. El pasado jueves por la tarde regresaba de caminata con mi tía. Era el anochecer casi ya sin luz después de un día triste, de sobresalto, espanto y miedo a los que, desgraciadamente, nos estamos acostumbrando. En la calle por la que íbamos, en la puerta de su casa, vi a un abuelillo sentado en su butaca , ya a la espera de esa noche que trajera la ilusión de un poco fresco en este agosto (y verano) tan demasiado caluroso. Porque lo del refrán de agosto, frío en rostro se ha terminado. Inmediatamente me vinieron...

LA CASA DE MIS ABUELOS

La casa de mis abuelos tenía los techos muy altos, o así me lo parecía, pero desde mi perspectiva infantil todos los techos llegaban al cielo. Además, la bola dorada que coronaba el comienzo de la balaustrada en la escalera refulgía en miles de destellos, sobre todo cuando le daba la luz desde el patio y le pegabas los ojos estrábicos para verlos mejor. Ahora lo he hecho alguna vez, pero no es lo mismo ni está aquella luz más que en el recuerdo. Tampoco la barandilla es de piedra ni la adornan rebusca das filigranas en círculos y ochos, ni los peldaños son grises ni llevan a las cámaras ni al baúl lleno de sal. Cuando miras las imágenes reales congeladas en fotos y diapositivas se pierde la magia del enfoque nebuloso que impregna las de tu memoria, como si se superpusieran y las de tu cabeza superaran con creces las de los ojos. En los recuerdos ni a las caras ni a las cosas les afecta el tiempo porque no lo hay, solo fallan en esa percepción que difumina contornos y desvirt...

ESOS POCA COSA CON SU COSA

Canícula de julio, el verano me aplatana. Solo apetece escribir de asuntos ligeros como el cine o los muchachetes. Echemos mano de ellos.     Quien me conoce un poco sabe de mi gusto por esos especímenes masculinos (de cualquier nacionalidad, raza, condición y actividad) con hechuras de bestia parda poco evolucionada, animalitos como los de Crowemagnon... Perdón, que se me han ido un par de letras por asociación de conceptos. Quería decir de Cromagnon. Y si tuviera que tirar de lista, me tocaría dedicarles un blog exclusivo. Una ínfima muestra se pudo ver ya en a quellos ejemplos de carne gourmet junto al salchichón justiciero .      Pero una también tiene cierta debilidad por otras criaturas a las que la Naturaleza, en su múltiple variedad, no ha dotado de armazón muy consistente o de carrocería lucida. Estas criaturas, en mi inventario, son los y tienen esos rasgos y morfología peculiares, perfectos para reflejar precisamente esa imperfecci...