Dijo el Carpintero en una de sus más famosas sentencias eso de que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. De modo que no seré yo quien lo haga en este asunto porque pertenezco también a esta fauna móvil. Me ha pillado ya un poco mayor, pero la tontería no entiende de edades, fronteras o dimensiones estelares, así que algo se te pega. Y como dice el dicho más prosaico, no suele ser la hermosura. En mi descargo debo decir que todavía no me he tragado una farola caminando con el bicho en las manos, ni me han pitado en un paso de peatones ni se me ha quedado el cuello en posición "muerte del loro" mirando el aparatito en los andenes del tren o la parada del autobús. Ni sufro de tendinitis en los dedos como las criaturas jóvenes que teclean como si les fuera la vida en ello, que igual les va porque un día irán de cabeza a las vías. Pero ese vistazo furtivo, ese "yo tenía que mirar algo", el "¿qué hora es? Ah, una notificación", pues sí, eso...
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